a sociedad
actual exige cada vez más alto grado de preparación. Para cualquier empleo
suelen preferir al que más títulos aporte, más idiomas sepa, o más
experiencia haya tenido en el trabajo en cuestión. Salvo en los países muy
subdesarrollados, el porcentaje de personas con carrera es muy alto. Los
padres advierten y aconsejan a sus hijos: "Tienes que prepararte para la
vida". Pero, ¿qué preparación recibe una pareja para casarse y formar la tan
importante empresa del matrimonio? ¿Dónde están las escuelas para los
futuros cónyuges? Cada cual va a su aire, guiándose un poco por los
sentidos, por la tradición familiar, etc.
Con el
enamoramiento se pierde un poco el sentido común y la psicología que se
puede tener o saber para conocer a la otra persona. Es muy corriente que
bajo estas circunstancias, en pocos meses se pueda encontrar uno casado con
una desconocida, o viceversa. Si bien es cierto que rara vez llegamos a
conocer bien a una persona sin haber vivido con ella. Si mucho cuesta
conocerse a sí mismo, cuánto más a otro ser de otra familia.
Los padres
advierten y aconsejan a sus hijos: "Tienes que prepararte para la vida".
Pero, ¿qué preparación recibe una pareja para casarse y formar la tan
importante empresa del matrimonio?
Hoy se usa,
inclusive, casarse a espaldas casi de las respectivas familias, sin que
ninguno de los dos conozca un poco siquiera a los familiares del otro. Esto
se esgrime en defensa de la independencia como pareja, y es muy probable que
funcione por algún tiempo y de acuerdo con las circunstancias; pero el
tiempo y los encontronazos de la vida tienden a llevamos tarde o temprano a
buscar a la familia, ya como recurso, o por el instinto mismo de volver a la
raíz.
¿Quién puede
aconsejar a un enamorado? ¿El amor es ciego, o es que ve algo y no quiere
admitirlo? ¿No es acaso la primera juventud o la adolescencia una época
idealista, de poca reflexión, mucha inestabilidad emocional y, por lo tanto
inmadura, para algo de tanta importancia como el matrimonio?
No podemos osar
cambiar algo que es natural, y en ocasiones tan bonito, que guardamos
recuerdos de ello para toda la vida.
Creo que no
sería inútil poner algunos ejemplos que pueden ayudar a los aspirantes
jóvenes al matrimonio, a padres con hijos casaderos o a parejas muy tiernas
en edad.
Suele darse el
caso de chicos o chicas enamorados del arte, de la habilidad o la fuerza
física de quien desearían como cónyuge. Si esto se hace irreflexivamente,
sin mirar a la persona real, desprovista de instrumentos musicales, arte,
deporte, etc., puede llegar a vivir con alguien que en el hogar, en la
intimidad, puede ser una persona aburrida, falta de sentido común y, muy a
menudo, más entregada a su vocación o profesión que a una persona fuera de
ella misma.
En el mundo
secular se suele dar esto con frecuencia. Los artistas, los músicos, los
toreros (donde los hay) que deslumbran a las chicas con lo que hacen en
público; idealizan al individuo y, si logran conquistarlo, es corriente que
pasado un tiempo, viene la decepción.
Eso no quiere
decir que todo hombre público, todo artista o deportista, acabe siendo mal
esposo; el asunto está en que son seres comunes y corrientes, que adolecen
de las mismas cosas que otro mortal cualquiera, y esto hay que asumirlo con
conocimiento de causa.
En el hogar,
bajo el mismo techo, donde la ceguera de las pasiones cede a la realidad, es
donde sabemos quién es quién y para quién.
Esto que he
mencionado con respecto al mundo secular, puede darse en el mundo cristiano,
con un joven predicador, o que de alguna manera tenga un talento o
ministerio, que destaque en público, en la iglesia local, o fuera de ella.
En el hogar,
bajo el mismo techo, donde la ceguera de las pasiones cede a la realidad, es
donde sabemos quién es quién y para quién.
Como cristianos
debemos estar dispuestos a corregimos y ayudar a perfeccionar a la persona
que nos ha tocado para hacer juntos el larguísimo viaje del matrimonio. La
felicidad no existe como un estado permanente. Hay momentos de la vida,
etapas fugaces en las que nos visita la felicidad. Pero recordemos esto: "El
teatro y el cine suelen copiar o argumentar de la vida, pero la vida no
puede copiar del teatro o del cine
En muchas
comunidades o congregaciones, está con más o menos rigor establecido que los
que creen haber hallado pareja, o por lo menos hay una atracción mutua,
deben decirlo al pastor o consejeros asignados para el caso quienes, con
amor, experiencia y visión espiritual, pueden dar unas orientaciones,
consejos o advertencias, que a los jóvenes cristianos humildes y obedientes
les ayudará a tener un alto porcentaje de aciertos.
Por no ser
reiterativo o machacón sobre lo que tanto se ha dicho, sólo quiero citar un
curioso pensamiento que leí hace tiempo: "Si te casas con un hijo o hija del
diablo, seguro vas a tener problemas con tu suegro".
Y, por fin,
recuerda que la llamada felicidad, si se consigue, es procurando la
felicidad del otro. ¿De acuerdo? Un egoísta no puede hacer feliz a nadie.
"El teatro y el
cine suelen copiar o argumentar de la vida, pero la vida no puede copiar del
teatro o del cine".
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