ue
estamos en la era de las comunicaciones es casi un tópico. La
comunicación moderna ha revolucionado al mundo, ha acercado a los
países y las culturas, es de gran ayuda para la educación, la
técnica y la ciencia. En fin, la comunicación es algo estupendo,
pero tiene áreas de peligro si no sabemos situar bien los linderos.
Por
medios de comunicación se pueden entender muchas cosas, tales como
un camino, la palabra hablada, la palabra impresa, las señales
gráficas o acústicas; ríos, telégrafo, teléfono, la radio, etc.
Pero
quiero referirme a los medios de comunicación masiva y más
concretamente al cine y la televisión. Como decía una revista, la
televisión es el cine en casa.
Estos
medios de comunicación masiva nos han llevado a las grandes
contradicciones: comunicación unilateral que es incompleta, esto
hace del individuo un consumidor mudo; recibe información,
desinformación, deformación, sin que él pueda manifestarse y llegar
a su interlocutor.
Por
otro lado, al irse perdiendo la comunicación humana por causa de la
comunicación técnica, encontramos o podemos encontrarnos más
interesados por lo que le sucede a los hijos de la reina de
Inglaterra que lo que sucede a nuestros propios hijos. Nos puede
atraer mucho más la nación vecina, pero no nos atrae nada el vecino
del apartamento contiguo al nuestro. En la época de la comunicación,
la juventud se está volviendo solitaria. Es usual ver a jóvenes con
su walkman y su auriculares andando por la calle o viajando en
transporte público, que ni ven ni oyen a las demás personas; se
alimentan desde un aparato.
Al irse perdiendo la comunicación humana por causa de la comunicación
técnica, encontramos o podemos encontrarnos más interesados por lo
que le sucede a los hijos de la reina de Inglaterra que lo que
sucede a nuestros propios hijos.
Analicemos:
¿Quiénes son los profesionales de los medios de comunicación masiva? Por lo
menos en España (cada cual juzgue su propio país), más del 90 por ciento son
agnósticos, ateos, humanistas, racionalistas, existencialistas y casi todos
antirreligiosos. Para todas estas filosofías no existe un patrón moral
válido para juzgar ninguna situación. Todo es tan relativo, que lo que tiene
marcada importancia es el dinero; lo que se vende, lo que gusta, no importa
caiga quien caiga, ni a quien se haga daño.
Los
profesionales de la comunicación, tienen una ventaja sobre la juventud y la
familia en general para dar sus mensajes; son expertos, se
hacen famosos, se les crea una imagen sumamente atractiva, de manera que
cualquier cosa que dicen o hacen, lo dicen y lo hacen bien y en situaciones
psicológicamente muy oportunas y muchas veces lo que hará más daño como
cristiano lo dice un personaje con el que simpatizas y te identificas.
Mucha gente
sigue y trata de imitar lo que hacen las estrellas del cine y la televisión
y éstos crean modas, pero no tanto de vestir, sino de comportamiento.
Detrás de
Elvis Presley y los Beatles (por citar algunos) han quedado montones de
vidas destrozadas. El espíritu anticristiano que reina en estos medios es
tal, que cuando en una película sale, por ejemplo un pastor, casi seguro que
es o acaba siendo, un embustero, un borracho o un adúltero. Suelen ponerle
una voz de hipócrita bien repelente, de manera que si un creyente es un poco
incauto queda humillado y dañado.
Mucha gente sigue y trata de imitar lo que hacen las estrellas del cine y la televisión
y éstos crean modas, pero no tanto de vestir, sino de comportamiento.
Hay miles y
miles de siervos de Dios que se consumen en el servicio, en el anonimato,
hombres limpios que viven rescatando vidas destrozadas por el vicio y el
pecado; pero éstos no interesan, no son noticia, son normales.
Se usan
también, en estos medios, las famosas muletillas o frases clave, que no
encierran ningún hecho concreto probado, pero que suelen impactar a las
posibles víctimas. Por ejemplo: "ya se sabe", "está comprobado que...",
"es un atraso pensar que", "hoy nadie cree que...", "según fuentes bien
informadas", "qué duda cabe que...", "antes se creía que...", "pero...es más
que sabido que", etc. etc. y todo esto puede ser totalmente inconsistente,
pero usado con astucia y mala voluntad, da su fruto.
De la última
visita que el prestigioso literato D. Ernesto Sábado hizo a España, recojo
parte de una declaración suya, hecha en Sevilla, y que fue publicada en la
prensa:
"La televisión
es un instrumento terrible que literalmente nos debe hacer temblar: con él
se puede construir o destruir la conciencia de los seres humanos; al lado de
la televisión, la enseñanza Primaria o Secundaria es un juego de niños. Un
niño de dos años se pone frente a la pantalla y recibe, de manera
subliminal, una grave impronta. En los casos más obvios, se calcula que un
niño de 10 años ha visto en televisión varios miles de asesinatos y
torturas. Pueden imaginarse lo que eso supone para el desarrollo del
espíritu de nuestro tiempo, tan proclive a la violencia. Lo peor son los
filmes, las series criminales y sádicas; y, en segundo término, los
documentales, que pueden estar hechos con buena o mala fe. El poder de la
televisión es tan inmenso que un Estado Totalitario puede hacer lo que
quiera de un pueblo.
Si cualquiera
tuviese en sus manos la televisión de un país, podría hacer un pueblo
budista, vegetariano o adventista del séptimo día. Por eso he recordado que,
respetando la frase de Marx, la televisión es el opio del pueblo. La
televisión es un poco la consecuencia de una época catastrófica, donde en
tres cuartas partes del mundo ocurren las torturas más abominables. Es
evidente que se promueve en el alma de los chicos esa tendencia natural al
mal que, desgraciadamente, forma parte de la condición humana. Si está bien
hecha es una auténtica escuela de violencia y el aliado más poderoso de la
alienación del hombre contemporáneo; es de los peores vicios de la sociedad
de consumo". —El País, domingo 14-11-86.
No repetiremos
con el poeta que "cualquier tiempo pasado fue mejor", pero al menos, hace
unos años teníamos un cine y una televisión que era para entretener y
divertir y, aunque sabemos que el happy end era un piadoso engaño,
sin embargo, no constituía una amenaza para la familia.
No me
considero un puritano ni un retrógrado. Tengo los ojos bien abiertos. Tengo
preocupación por los efectos dañinos que ya está haciendo en las familias la
todopoderosa pequeña pantalla. El apóstol Pablo dijo: "Todo lo que el hombre
sembrare, eso también segará".
Las parejas de
los filmes de hoy rara vez se casan; ésa no es la moda, sino que con toda
normalidad, la más virtuosa y encantadora criatura del elenco se acuesta con
quien le apetezca, como algo muy natural. Nacen los niños sin padre y nadie
se extraña ni lo reprocha. La permisividad y el relativismo es tal, que las
escenas amorosas, con desnudos incluidos, rayan con la pornografía; "la
mejor hecha de todos los tiempos", dijo con cierto cinismo un cantante de
rock. El vocabulario usado en el cine actual y en la televisión no tiene
linderos; a falta de originalidad, van las peores palabras "oportunamente
dichas". Aun en el propio hogar se pueden recibir verdaderos atentados
contra el amor, los buenos sentimientos y la paz. No me considero un
puritano ni un retrógrado. Tengo los ojos bien abiertos. Tengo preocupación
por los efectos dañinos que ya está haciendo en las familias la todopoderosa
pequeña pantalla. El apóstol Pablo dijo: "Todo lo que el hombre sembrare,
eso también segará".
He aquí
algunos consejos para hacer de la televisión algo útil con lo poco que le va
quedando de bueno:
1.
Hacer
un serio análisis para ver quién manda en casa, la televisión o los
televidentes. ¿Quién posee a quién? ¿Controlamos o somos controlados?
2.
Procurar mejorar las relaciones familiares:
a). Orando a
Dios, juntos, los unos por los otros.
b).
Interesarse por el deporte, el trabajo o los asuntos sentimentales de los
demás de la familia.
c). Ver juntos
los programas escogidos y discutir o dialogar acerca de las actitudes
dudosas de personajes.
d). Si los
niños son pequeños, se les debe ir enseñando a hacer diferencia entre la
realidad de la vida y la mentira del cine.
e).
Promocionar juegos familiares sanos, donde los padres enseñen jugando a
perder y no hacer trampas.
f).
Promocionar la lectura de buenos libros en casa, no solamente de orientación
cristiana, sino también seculares que los hay, y muy buenos, y con
entrañables buenos ejemplos de amor, heroísmo, lealtad, etc.
g). Estar
preparados para hacer valer, con buen criterio, nuestra opinión sobre los
medios de comunicación y poner cada cosa en su lugar.
Gracias a
Dios, porque estos medios también se usan para predicar el Evangelio y
compartir a Cristo con otros.
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