i bien es cierto que el dinero es necesario y puede ser de gran
ayuda para la estabilidad de la pareja, no obstante, las estadísticas
demuestran que un considerable número de matrimonios sucumben por causa del
dinero, o la encontrada opinión de los cónyuges de su uso. Generalmente la
mujer tiene un sentido de la economía bastante diferente al del hombre.
Las tarjetas de crédito lo han demostrado. Muchos maridos, para poder salir
a flote, han terminado rompiendo dichas tarjetas, que si bien es cierto que
son muy prácticas en la era tecnológica que vivimos, suelen ser una
tentación y una trampa para quien los números no significan mucho.
Se cuenta de un humilde andaluz de Málaga, que tenía ganas de tener un
talonario de cheques. Un amigo le aconsejó que depositara una pequeña
cantidad en un banco, y que eso le daba derecho a tener un talonario. Así lo
hizo y recibió su "flamante chequera", al mismo tiempo que el empleado del
banco le decía muy amable:
"ya puede usted extender cheques con cargo a su cuenta corriente".
Las tarjetas de crédito lo han demostrado. Muchos maridos, para poder
salir a flote, han terminado rompiendo dichas tarjetas, que si bien es
cierto que son muy prácticas en la era tecnológica que vivimos, suelen ser
una tentación y una trampa para quien los números no significan mucho.
Esa misma
semana, el andaluz comenzó a pagar con cheques por todas partes. Como era
conocido en la pequeña ciudad, le admitían los talones sin más averiguación.
En diez días había gastado cinco veces el importe de su único ingreso. Un
inspector del banco le visitó, para comunicarle que ya estaba en números
rojos, o sea, sobregirado y con cheques impagados. El ingenuo malagueño, ni
corto ni perezoso, le dijo:
"¿Cuál es el
problema con el banco? ¿Que le debo dinero? Pues eso lo arreglamos
enseguida; le hago ahora mismo un cheque a usted, y asunto resuelto".
Recuerdo un
matrimonio al borde del divorcio, en una ciudad de los Estados Unidos,
porque ella usaba las tarjetas de crédito como indiscriminadamente, y tenía
al marido en serios apuros.
Lo ideal sería
que siendo los dos una sola carne, una sola familia, una sola institución,
tuviesen unos fondos comunes y un uso de acuerdo con el criterio de los dos,
pero como no siempre es posible por múltiples causas de carácter, trabajos,
responsabilidades propias de cada uno, la pareja cristiana debe, bajo el
señorío de Cristo, poner el dinero como un bien para administrar, sin dejar
que el dinero los gobierne.
Hay cosas a las
que no se puede poner precio en dinero. ¿Cuánto vale la paz? ¿Cuánto cuesta
una pelea en el matrimonio? ¿Cuánto cuesta un divorcio?
El apóstol Pablo
dijo: "Raíz de todos los males es el amor al dinero".
Y ojo con las deudas. La sociedad de consumo les llama crédito en algunos
países, y hacen lo indecible porque todo el mundo se ponga hasta el cuello.
¡Son tantas las facilidades!
Y ojo con las deudas. La sociedad
de consumo les llama crédito en algunos países, y hacen lo indecible porque
todo el mundo se ponga hasta el cuello. ¡Son tantas las facilidades! que es
casi imposible resistir la tentación de comprar, aunque no haga mucha falta;
de viajar a crédito, aunque no sea imprescindible; de satisfacer "pequeñas
vanidades", sin las cuales se puede pasar muy bien.
Una buena oración con respecto a
este posible enemigo del matrimonio sería: "Señor, todo es tuyo, lo que
somos y lo que tenemos; haznos sabios administradores de tus bienes".
Ahí va Romeo
En su juventud
gastó su salud
buscando dinero.
En su senectud
gastó su dinero
buscando salud
Y ya sin dinero
y ya sin salud
¡Ahí va Romeo
en un ataud!
--Anónimo
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