obre
este tema se ha vertido tanta tinta, se han vendido tantos libros, que
alguien ha dicho:
"Cuando
creemos que lo sabemos todo sobre el sexo, aparece un nuevo libro para
explicárnoslo otra vez". Ha sido tal la exaltación del sexo que los
adolescentes tienen hoy más información que la que tenían nuestros
padres.
Así que
estoy casi seguro que poco, o nada nuevo, aportará este capítulo, pero
la repetición es el mejor maestro, dice un viejo adagio.
Los
animales se aparean solamente en tiempo de celo. El hombre, por el
contrario, en cualquier época, mantiene su deseo y capacidad de llevar
a cabo el acto sexual, mientras lo permita su edad. El sexo es un
apetito que Dios nos ha dado para la continuidad de la especie, como
expresión de amor y estímulo para la intimidad: la entrega total mutua
y el compañerismo. Eso es tan importante, que un funcionamiento
inadecuado de la relación sexual puede traer inhibiciones,
frustraciones, resentimientos, venganza y fracaso total. Por
ignorancia, o por terquedad, en el matrimonio se puede dar con
frecuencia lo de la mujer objeto, y de una forma tan sutil, que se
puede convertir en una odiosa rutina o simple acto mecánico. En la
tradición latina, y por causa del apetito sexual del macho, la mujer
es más o menos enseñada a complacer siempre a su marido, en cuanto al
sexo, a expensas de que tenga o no deseos.
Con un
hombre inconsecuente, esto va mermando el verdadero amor, dándose la
arbitraria situación del maltrato durante el día y el reclamo del sexo
por la noche.
La mujer,
salvo excepciones, al contrario del hombre, debe ser enamorada y
estimulada con amor dentro del matrimonio, para que haga el acto
sexual a gusto.
Con el
movimiento feminista, se ha hablado mucho de la mujer tomando la
iniciativa, lanzándose a la conquista del varón y llevándole al acto
sexual; y esto puede ser válido hasta que llegan los hijos, y vienen
los problemas. La época en que se acentúa más en la mujer la
indisposición sexual, es en los 10 días próximos al menstruo, y cede
sólo por lástima, por un gravoso deber, o por ser debidamente
enamorada y estimulada.
En los
países donde la mujer carece de derechos de igualdad, es muy común que
la única arma que usa para castigar al marido, cuando éste la ha
tratado mal, es negarle el sexo. Si esto es muy repetido y por largo
tiempo, lejos de resolver la situación, crea o puede crear un estado
de ofuscación casi enfermizo en el marido, alejándolo del diálogo, y
el razonamiento.
En 1
Corintios 7:3-5, dice: "El marido cumpla con la mujer en el
deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene
potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco el marido
tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el
uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para
ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para
que no os tiente Satanás, a causa de vuestra incontinencia".
En los
países donde la mujer carece de derechos de igualdad, es muy común que
la única arma que usa para castigar al marido, cuando éste la ha
tratado mal, es negarle el sexo.
Y termino con otra cita de Larry
Chrinstensen:
"Esposos y esposas debieran esperar que su relación
sexual significara un tiempo de placer pasado juntos. Sin embargo,
paradójicamente, una clave para esto es la aceptación total de su
relación sexual, tal como es, aun cuando haya algunos problemas y
frustraciones. Puede ser que una buena relación sexual no resulte de
por sí. Puede tomar algún tiempo y algunos ajustes inteligentes de
actitudes".
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