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Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid al Señor con alegría;
 Venid ante su presencia con regocijo.
Salmos 100:1-2



 
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Enemigos del Matrimonio -Cáp.11

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Sección dedicada a la memoria de Rev. Rodolfo Loyola.

 Enemigos del Matrimonio (Cap 10 de 18).

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El descuido de los detalles

Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio -Copyright © 1989 por Rodolfo Loyola-

Las grandes cosas están formadas por partículas muy pequeñas. Un matrimonio es una pareja de novios que se han casado. La vida está compuesta de detalles, de cosas muy sencillas. Es incomparable la alegría de comer de los pobres. No somos más que niños grandes. Aunque seamos muy modestos, una palabra de alabanza o de elogio siempre surte sus buenos efectos.

Es más común en el hombre el olvido de los detalles. La mujer es más sensible a ellos y los necesita más. Decía un poeta: "Eres tan mía que hasta te desatiendo". El verso está logrado, pero en el matrimonio hemos de llevar una maleta que dure todo el viaje, bien cargada del abono de los detalles. El olvido de un cumpleaños, de un aniversario de bodas, de algún hecho feliz y sobresaliente de la pareja, es algo casi imperdonable por la mujer.

Unas flores, algo que parece tan frívolo, pueden hacer saltar de alegría el corazón de una esposa. Un perfume, una salida a comer fuera, una invitación a ir de tiendas, etc., son detalles que refrescan y hacen agradable la vida matrimonial. A la mujer hay que aconsejarla menos, porque generalmente ella responde y recompensa con creces las atenciones del marido, a menos que sea una criatura muy extraña y retorcida. Una llamada por teléfono desde cualquier lugar, una tarjeta, o carta, si hay largas ausencias, hacen a la esposa sentirse orgullosa del "mejor marido del mundo".

Unas flores, algo que parece tan frívolo, pueden hacer saltar de alegría el corazón de una esposa. Un perfume, una salida a comer fuera, una invitación a ir de tiendas, etc., son detalles que refrescan y hacen agradable la vida matrimonial.

Quiero compartir algo con las esposas cristianas. Siendo yo profesor de enseñanza secundaria, de 23 maestros sólo cuatro éramos hombres. Muchas de aquellas maestras, en las horas libres que les permitía el programa, tejían calcetines u otras piezas de vestir, bordaban anagramas en pañuelos o en camisas, para agradar a sus maridos. Ellas querían tenerles contentos, y una que otra decía: "Hay mucha competencia y viene una lista y te lo quita".

La cristiana suele estar segura de su marido. El no la va a engañar. El ama a Dios y le teme, y como la confianza y la costumbre producen indiferencia, hay hermanas en la fe que esperan a sus maridos sucias y desgreñadas, que invitan más a huir que a besarlas. El arreglo de la casa (esto cuando la mujer no trabaja fuera, pues en caso afirmativo, un buen detalle del hombre es echarle una mano de igual a igual para mantener la limpieza y el orden) y tener las cosas a tiempo, colaboran grandemente a la armonía.

Los piropos entre esposos son los más apreciados del mundo. Es verdad que muchas veces nos da vergüenza decimos algunas cositas de enamorados, pero cada uno o cada una, debe usar sus propios métodos para estos detalles.

No debe usarse la palabra feo, o fea, u otras peores como gordísima, monstruoso, apestoso, etc.

Se puede decir de un vestido, que te queda mejor que otro, pero no que aquel te queda mal, o te hace fea.

Recuerdo todavía un piropo que me dijo mi esposa hace ya varios años. Estuvimos con un compañero del ministerio pasando el día. Tras separarnos de él, en un comentario sobre que teníamos la misma edad éi y yo, ella me dijo sin vacilar: "Pues la verdad, parece más bien tu padre". Esto me hizo sentir joven. Nada, una tontería, pero me gustó mucho.

Los piropos en el acto sexual son buenas pruebas de cariño, cuando hay amor, y no deben ser despreciados. En un momento en que las emociones están a tope, se pierde la vergüenza de decir frases cariñosas y no dejan de tener autenticidad. Por el contrario, cuando hay indiferencia, falta de amor y de respeto mutuo, la pareja puede llegar a decirse horrores para estimularse.

Y por último, nunca viene mal una buena dosis de humor. Hay cosas que tienen solamente la importancia que le demos. Es necesario reírse y, si es posible, hasta de uno mismo. El matrimonio es una cosa seria, pero a la vez divertida. Muchas peleas grandes comienzan por una tontería sin importancia. A menudo, un poco de buen humor apaga el fuego de la ira.

Se cuenta de una pareja que llevaba veinte años de casados. Un día ella quiso hacer el plato favorito del marido, pero le quedó intragable. Así que se lo sirvió, esperando el reproche. El comenzó a comer y, de pronto, se puso de pie, fue donde su mujer, la tomó en los brazos y comenzó a besarla. Ella, más confundida que alegre, le preguntó: "¿Por qué me besas y haces esto si ese plato me ha quedado horrible?", a lo que él respondió: "Lo hago porque has guisado como una recién casada".

! Ah!, un detalle: No olvides poner delante de Dios a tu cónyuge; es lo más precioso que te ha dado y pide, además, que te de la sabiduría necesaria para que tu matrimonio siempre sea cosa de tres.


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