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Sección
dedicada a la memoria de Rev. Rodolfo Loyola.
Enemigos del Matrimonio (Cap
12 de 18).
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El materialismo
Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio -Copyright © 1989 por
Rodolfo Loyola-
C uando
señalo este enemigo del matrimonio, no me refiero al materialismo como
sistema o como filosofía política, sino a la búsqueda incesante de lo
material.
Vivimos en
una sociedad de consumo en la que muchas veces nos vemos consumidos.
Lo que la tecnología nos da por un lado, nos lo quita por otro, si no
buscamos de verdad el reino de Dios y su justicia. Parece que todo
está hecho para una sociedad en desarrollo, que va marcando a los
débiles y marginando a los que no pueden competir. La propaganda nos
hace creer que son indispensables cosas que podríamos pasar sin ellas.
Cada día
se llenan más y más las viviendas de adornos, aparatos y muebles,
pero van quedando más vacíos de calor familiar.
Preferimos
trabajar más y hacer un buen depósito bancario, o competir con el
último equipo de sonido o mueble que ha adquirido el vecino, que
invertir más horas en el hogar y depositarlo en los hijos, en la
esposa.
Esta idea
de la autosuficiencia, al final, nos hace cada día más vulnerables
ante la realidad humana. Cristo dijo: "No sólo de pan vivirá el
hombre".
El
materialismo es un enemigo muy sutil, porque la motivación o
finalidad es aparentemente buena. Cuán a menudo observamos con
tristeza que lo que se gana en bienes materiales se pierde en
compañerismo, en calor familiar.
El dueño
de una empresa de juguetes, ante la recesión económica, dijo muy
animado a sus colaboradores: "No habrá crisis en la venta de juguetes,
aunque la economía de la nación está semiarruinada. Los juguetes se
seguirán vendiendo cada día más porque los padres, al no poder estar
con los hijos, descargan un poco de su culpabilidad al regalarles
juguetes". Es algo así como las ganas de darle vida e identidad a
quien no la tiene, y disfrazar la vida y la identidad de quien la debe
tener. Esto es un negocio, un producto del marketing, pero
aprovechando una real y triste conyuntura social. Cada día se fabrican
más casas, pero se destruyen más hogares. Cada día se llenan más y más
las viviendas de adornos, aparatos y muebles, pero van quedando más
vacíos de calor familiar. Se trabajan más horas y se contraen más
deudas para adquirir el automóvil del año, o sea, un vehículo para
salir, pero se pierden el placer de entrar y estar en casa.
En esa
lucha materialista desesperada, manipulada en gran parte por los
intereses creados, no nos queda tiempo de mirar los valores que ya
tenemos, porque corremos detrás del tesoro incierto de los placeres
momentáneos.
Cristo lo
dejó ver en la parábola del Hijo pródigo, en la que buscaba
desesperadamente fuera lo que tenía de sobra en casa.
El
materialismo es un enemigo muy sutil, porque la motivación o finalidad
es aparentemente muy buena. Cuán a menudo observamos con tristeza que
lo que se gana en bienes materiales se pierde en compañerismo, en
calor familiar.
Con
tratamientos distintos, este ejemplo, se repite en la literatura, como
en el caso de La Balada del Buscador de Tesoros, de José A.Buesa:
Nadie supo
su nombre:
Era un solo ojo gris y una pipa apagada
Doscientos años antes,
hubiéramos creído que era un viejo pirata.
Su casa,
frente al mar,
era apenas un techo y una tapia.
A veces parecía menos viejo,
hablando de tormentas y de islas lejanas...
No, no, ya
no hay tesoros;
yo lo sé bien... —decía y suspiraba—.
El humo de la estufa
lo hizo toser de pronto,
cuando quemó sus mapas.
‘Buscador
de tesoros,
le crecieron las manos en el pico y la pala.
Cien años removiendo litorales de olvido
y nunca encontró nada...
Cuando
murió en un sueño
la canción del domingo movía las campanas.
Se quedó para siempre con las manos vacías.
Su pipa estaba rota debajo de la hamaca.
El
cementerio de pescadores
era un muro de conchas al final de la playa.
Aquella noche subió el mar.
Fueron sesenta cruces humildes bajo el agua.
Y dijo el
cura: "Hay que enterrarlo
aquí, en el patio de su casa"
(Sin su pipa en la boca parecía más viejo
Yo le eché en un bolsillo su cuchara de plata).
Algo
tembló en su mano,
al olor de la tierra y el ruido de las palas.
Y nosotros cavábamos la fosa, con el largo de un remo
con el ancho de un anda.
Y sabedlo:
allá abajo,
Miska, el grumete cojo vio una cosa olvidada.
Y era un cofre, sabedlo:
¡Y fue un fulgor de joyas cuando saltó la tapa!
Cien años
removiendo litorales de olvido,
y nunca encontró nada.
"No, no, ya no hay tesoros;
yo lo sé bien..." —decía y suspiraba—
Oh, nadie como él, nadie, conocía las grutas de las islas lejanas.
Y estaba allí, sabedlo:
¡allí, en el patio de su casa!
Nadie supo
su nombre: era un solo ojo gris y una pipa apagada.
Conclusión: Perdió toda su vida buscando tesoros por las islas y los
mares y, sin embargo, lo tenía en el patio de su casa.
J. Luis
Perales, el famoso compositor y cantante español, en Una barca llamada
Libertad, expresa algo más fugaz y no muy materialista, pero sí
egoísta, este mismo sentir.
Con esto
no estoy queriendo decir que el cristiano se quede sin prosperar, sin
progresar, sin emprender, sin querer mejorar su situación económica,
porque esto es parte del plan de Dios para los suyos; sino que al
hacerlo busquemos sabiduría para dar lugar a lo espiritual: saber
parar a tiempo, si se pone en juego la estabilidad del matrimonio.
Que
sepamos de una vez por todas, que armarios y joyeros llenos, no
compensan el perjuicio de corazones vacíos de amor.
Si se
poseen las cosas y se pueden disfrutar juntos y en paz, enhorabuena;
pero si las cosas o el medio para conseguirlas nos poseen, entonces
somos esclavos y no libres para cumplir el propósito de Dios en
nuestro matrimonio.
"Buscad el
reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas"
—dijo Jesús—. Pero cuando buscamos las añadiduras primero, el reino de
Dios y el pequeño reino del hogar quedan relegados a un segundo plano,
y eso se paga muy caro.
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