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Sección
dedicada a la memoria de Rev. Rodolfo Loyola.
Enemigos del Matrimonio (Cap
13 de 18).
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La intromisión de terceras personas.
Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio -Copyright © 1989 por
Rodolfo Loyola-
E l
matrimonio es un pacto único, no se parece a ningún otro convenio o
contrato. Es en el matrimonio donde la matemática divina hace que "uno
más uno sea igual a uno".
"Y serán
una sola carne". Se llega a tener más confianza en la esposa, que la
que tuvimos con nuestra madre. De igual manera, la esposa encuentra en
el marido un apoyo y una confianza tal, que es difícil haberla tenido
con persona alguna dentro o fuera de la familia paterna.
En este
pacto lleno de intimidad, de responsabilidad y de valioso aprendizaje,
la intromisión de otra y otras personas puede ser una piedra de
tropiezo.
En el caso
muy frecuente de las suegras, los chistes tienen bien ganada fama,
porque, salvo honrosas excepciones y sobre todo respecto a la madre de
él, no es muy fácil la total armonía.
"Y
serán una sola carne". Se llega a tener más confianza en la esposa,
que la que tuvimos con nuestra madre. De igual manera, la esposa
encuentra en el marido un apoyo y una confianza tal, que es difícil
haberla tenido con persona alguna dentro o fuera de la familia
paterna.
Una madre
casi nunca encuentra a una mujer ideal para su hijo. Si una madre es
un poco dominante y logra meterse en el hogar de su nuera, puede
causar un gran daño. Ella sigue viendo a su "niño" como si estuviera
en casa. Quisiera que tuviera las mismas comidas, el mismo cuidado,
que no pase ningún tipo de trabajo, etc. Encima reclama que la visiten
a ella con más frecuencia que a otros familiares, sólo para continuar
viendo y alimentando a su "bebé".
Está
enamorada de su "niño" y, en sus actitudes, deja ver que su nuera es
un estorbo.
Pocas
esposas soportan tal presión y si el esposo-hijo no es muy sensato,
nada menos que una madre, una buena mujer, se convierte en tropiezo
para el matrimonio de quien quiere tanto. Ella no puede concebir que
su mujer no tenga que darle las mismas cosas que ella; que su hijo no
se ha casado con una madre, sino con una mujer que él escogió por
amor, para ser su compañera, y que con esta nueva relación su vida ha
cambiado y sus gustos y deberes también.
Una
singular poetisa norteamericana, en unos versos muy originales,
menciona la madre que su hija encuentra a un hombre tan bueno que la
ayuda en todo, la tiene como a una reina. O sea, su hija es muy
dichosa. Pero se lamenta de lo desdichado que es su hijo, que se ha
casado con una mujer que es una muñeca, que él se lo tiene que hacer
casi todo.
En otras palabras: que el hijo de otra
madre atienda bien a su hija lo considera una suerte, pero que su
hijito lo tenga que hacer con su mujer, es una desgracia.
Las madres
de las esposas suelen ser menos agresivas y, con frecuencia, se hacen
aliadas de sus yernos, aunque si viven juntos puede ser muy
problemático. Puedo decir con alegría y gratitud al Señor, que mi
suegra siempre ha vivido con nosotros y ha sido una gran bendición.
Claro, una mujer muy cristiana, viuda, y una gran admiradora de mi
ministerio, da referencias para la excepción.
También
debo decir que una madre sabia y cristiana, puede ser de gran ayuda
para el matrimonio de su hijo o su hija. Ella tiene experiencia y si
sabe guardar la distancia y respetar las prioridades puede ser de
bendición, como Noemí lo fue para Rut la moabita. Cuesta mucho, cuando
se tienen más de cuarenta años, comprender que las costumbres cambian
de una a otra generación; que la crianza de los hijos no suele ser
igual; y esto requiere una gran lucidez en una madre-suegra-abuela, y
una gran paciencia para poder colaborar sin llegar a ser la dueña y
señora de la situación.
Otras
veces las amigas de ella o los amigos de él pueden ser hasta
inconscientemente enemigos del matrimonio.
Existe la
amiga o vecina que cuenta lo bueno que es su marido, de la manera que
la trata, lo mucho que la considera, de lo cariños que es, y aunque
esto muchas veces no es verdad (ya quisiéramos muchos esposos ser tan
buenos e inteligentes como dicen nuestras esposas), sin embargo
siembra la envidia y el deseo de imitar en su matrimonio a su amiga o
vecina.
En otras
palabras: (hablando de La suegra) que el hijo de otra mujer atienda
bien a su hija lo considera una suerte, pero que su hijito lo tenga
que hacer con su mujer, es una desgracia.
Ningún ser
es igual a otro. Ningún matrimonio es igual a otro. La relación humana
es tan compleja por eso. Pues si la esposa comienza a reclamar que la
trate como el esposo de su amiga o vecina, esto crea un sentimiento de
frustración y la natural defensa del cónyuge, que se siente ofendido
por la comparación.
Por regla
general los amigos de él, lo que suelen es soltar fanfarronadas acerca
de su autoridad y su dominio absoluto de su mujer. Se pueden oír
frases como: "Si mi mujer me habla de esta forma, la echo de casa o le
doy una paliza".
En
resumen, el matrimonio es un pacto sagrado y nadie tiene derecho a
entremeterse en él si ninguno de los dos no quieren. Es preciso
guardar discreción con nuestra compañera/compañero, y no tratar de
copiar fórmulas ajenas, y mucho menos recibir consejos de quienes no
están capacitados para darlos.
El
cristiano tiene la ventaja de consultar la Palabra de Dios, de
inquirir del Señor sabiduría y paciencia para llevar en paz y con amor
su hogar y, además, consultar al pastor que vela por sus almas en caso
de necesidad o a un consejero cristiano para matrimonios, que los hay.
Una
tercera persona inmiscuida en la educación de los hijos, se da en el
caso de familiares que sobornan a los niños para atraerlos hacia ellos
con regalos, o bien consintiéndoles cosas que los padres no les
permitirían por el propio bien de los inocentes.
En estos
casos es preciso usar de sabiduría, e ir al grano con la persona
implicada, hacerle saber que se agradece la buena voluntad de querer
ganar la simpatía y el cariño de los niños, y diciéndole que hay
ciertas cosas que, como padres, les gustaría llevar ellos. No
olvidemos que es mejor ponerse rojo una vez, que cien veces rosado.
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