l
principio, mencionamos la precipitación como un enemigo del
matrimonio. El noviazgo puede cumplir una función importante en el
conocimiento de la pareja. Esto es algo demasiado sabido. Aunque hay
quienes, una vez enamorados, esconden su verdadera personalidad y
otras veces, los defectos no se ven o se disimulan.
Todos los
seres humanos no reaccionamos igual frente a las mismas
circunstancias. Un ejemplo nada más a manera de ilustración: Un hombre
encuentra a su mujer con un amante. Tranquilamente manda que se
marchen los dos y él se queda en casa. Ante esta misma situación, otro
sujeto toma un arma y mata a su mujer. Pero un tercero, mata a los dos
y se mata él. Aun un cuarto, deja que el amante se marche y él se
queda con ella, deseando, además, retenerla y mimarla.
Se suele
dar el caso muy común de que dos personas, con caracteres totalmente
opuestos, se hacen buenas amigas.
Pero
pongamos por caso el de una pareja que ambos son dominantes. A la hora
de decidir no se ponen de acuerdo, sólo porque el otro no se salga con
la suya.
Luego está
la persona dominante, pero que además es de ideas fijas; si se casa
con una persona noble, que razona y prefiere el diálogo, pueden
suceder dos cosas: Que la persona noble se resigne a ser la víctima, o
que se separen.
Puedo
poner innumerable cantidad de casos de incompatibilidad, pero
considero oportuno decir que una persona entregada incondicionalmente
a Cristo, puede ver la mano de Dios obrando en su carácter, mejorando
su comportamiento, y aprendiendo de las palabras del apóstol Pablo:
"Sobrellevad los unos las cargas de los otros". Cristo es el Rey de la
reconciliación. El pudo reconciliar a discípulos suyos que eran
humanamente irreconciliables. El vino a reconciliar al judío con el
gentil, etc.
Valga un
ejemplo personal, sin ninguna intención de hacer de modelo, ni mucho
menos. Mi esposa y yo somos muy diferentes. Yo muy extrovertido y
comunicativo; ella muy parca en hablar y con temor a nuevas
situaciones sociales. Yo muy desordenado para mis cosas personales y
de la casa; ella sumamente ordenada en todo. Yo enamorado de la
lectura, admirador de escritores y poetas; ella muy práctica, más bien
con mucha sensibilidad musical. En ocasiones yo salía a comprar comida
o algo para la casa y regresaba con una bolsa de libros, muy
ilusionado y dichoso de haberlos conseguido.
De manera
que no fue demasiado fácil, pero dos cosas resultaron esenciales para
nuestro matrimonio fácil, Una, que nos amamos mucho desde el comienzo,
y la segunda, que ambos buscábamos agradar a Dios.
Así que
con el tiempo y estos factores, a ella le encanta que yo hable y a mí
su silencio me relaja.
Yo soy
bastante más ordenado y ella más tolerante.
Yo sigo
leyendo y gustándome la poesía, pero con más mesura; ella lee más
ahora y le encantan los poemas que le he escrito y que se los he ido
poniendo en lugares de la casa donde los tenga que ver y en ocasiones
muy oportunas.
La persona
dominante, pero que además es de ideas fijas; si se casa con una
persona noble, que razona y prefiere el diálogo, pueden suceder dos
cosas: Que la persona noble se resigne a ser la víctima, o que se
separen.
Si no
llegamos a amarnos de verdad y tener el señorío de Cristo sobre
nuestras vidas, podíamos haber puesto de por medio esas palabrotas
largas que tantos han tenido como excusa para romper sus matrimonios:
Incompatibilidad de caracteres.
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