l
revés de lo que se pensaba, el mundo se va volviendo más intolerable.
Hay intolerancia política, racial, nacional, regional y hasta en el
deporte, donde ya se cuentan los muertos por cientos, por el fanatismo
y la intolerancia.
Un
intolerante en el matrimonio puede que no lo destruya, pero lo hace
gravoso, y si los dos son intolerantes, mejor es un manicomio o una
cárcel que un hogar así.
Hay
personas que se han criado en un ambiente de intolerancia, donde los
gritos ahogan el diálogo, donde las palabras ofensivas son el pan de
cada día. Al llegar al matrimonio, pasado el primer tiempo, sale la
fuerza de la costumbre y comienzan las exigencias o los reproches
propios de la intolerancia.
Los hijos
únicos suelen ser (salvo honrosas excepciones) bastante intolerantes.
Se han criado en un mundo donde todo ha girado alrededor de ellos y
donde todos han procurado complacerles y mimarles. Por consiguiente,
les cuesta convivir con una persona a la que le debe atenciones y
cuidados en igualdad de condiciones.
Una buena
manera de tratar con el intolerante es hacerle saber, por medio de
ejemplos de tolerancia, por medio del silencio, y hasta por medio del
humor, que el intolerante también se equivoca, que hemos de pensar y
dejar pensar, creer y dejar creer, hacer y dejar hacer, todo ello
dentro de un marco de orientación cristiana.
"Quien no tolera en las comidas ciertos
sazones, puede que no tolere otras muchas cosas"
Una de las
cosas que chocaba mucho a los fariseos de Jesús era su tolerancia con
los publicanos, las rameras y los borrachos. Le llamaron amigo de
publicanos y pecadores. Jesús los toleraba, sin embargo les ayudaba a
liberarse, mientras que los fariseos los odiaban y nunca podían
alcanzarlos.
Jesús fue
tolerante con los samaritanos; El no quiso que los discípulos oraran
para que descendiera fuego sobre ellos como castigo por no recibirle.
Jesús fue
tolerante con los cobradores de impuestos, y llegó a hacer un milagro
para pagar el suyo y el de Pedro, aunque era injusto y añadió Jesús:
"Para no ofenderlos".
Jesús fue
tolerante con los doce apóstoles. Les toleró la torpeza, el egoísmo,
los celos, las dudas, la ignorancia, la violencia de ellos, mientras
que los iba moldeando con su carácter, con su ejemplo, con su palabra.
Y no nos equivoquemos; la tolerancia no está peleada con la rectitud
de corazón o la fidelidad a principios bíblicos. Todo lo contrario,
sólo los de profundas convicciones se pueden permitir el lujo de ser
tolerantes. El intolerante muchas veces condena en otros sus propios
defectos: proyección.
Un joven
que veía el mal comportamiento de los hijos de un amigo, le dijo: "Si
fueran hijos míos, les daba una paliza diaria". El amigo le respondió:
"Si fueran hijos tuyos, yo también les pegaría a matarlos".
El intolerante muchas veces condena en
otros sus propios defectos: proyección.
Alguien
dijo: "Es mejor que digas palabras dulces, no sea que te las tengas
que comer".
Mal
enemigo es la intolerancia; no les des cabida en tu hogar.
En vez de
terminar con una cita bíblica, lo voy a hacer con las dos primeras
acepciones de la palabra tolerar, en el Diccionario Enciclopédico del
Reader's Digest:
a) Sufrir,
llevar con paciencia.
b)
Disimular o permitir algunas cosas sin aprobarlas expresamente.
______________________________________________________________
|Intro|Cap.1|Cap.2|Cap.3|Cap.4|Cap.5|Cap.6|Cap.7|Cap.8|Cap.9|Cap.10|
|Cap.11|Cap.12|Cap.13|Cap.14|Cap.15|Cap.16|Cap.17|Cap.18|