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Sección
dedicada a la memoria de Rev. Rodolfo Loyola.
Enemigos del Matrimonio (Cap
18 de 18).
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La rutina e indiferencia
Tomado de 20 Enemigos Del Matrimonio -Copyright © 1989 por
Rodolfo Loyola-
L a
costumbre produce indiferencia; esto es bien sabido. Pero en el
matrimonio, la indiferencia puede convertirse en un pesado yugo que
lleva a la apatía total, al aburrimiento y la tentación del escape.
El
matrimonio es un árbol compuesto por dos troncos juntos, que necesitan
ser regados y atendidos cada día.
Algunos
psicólogos y consejeros recomiendan salir de la monotonía saliendo de
viaje uno de los dos, y pasando unos días fuera. Esto da oportunidad a
mirarse desde otra perspectiva; en la ausencia, se puede echar de
menos a la otra persona y despertar a la realidad de la necesidad del
uno del otro.
El
matrimonio es un árbol compuesto por dos troncos juntos, que
necesitan ser regados y atendidos cada día.
También es
recomendable salir juntos y cambiar un poco de aire, de lugar, y de
actividades.
Esto no
siempre es posible. Ni tampoco todas las parejas caen en la rutina o
la indiferencia. No se puede avivar el amor con recetas, ni se le
pueden poner vacunas a un muerto, pero es posible que haya algo de
útil en los 12 consejos siguientes:
COMO HACER
MAS AMENO UN MATRIMONIO
1.
Variando algo la comida. Tanto en su contenido como el horario.
2.
La ropa. A veces hay abandono en cuanto a la ropa, y teniendo
posibilidades de estrenar vestido o trajes nuevos, siempre se anda con
lo mismo. ¿No os habéis fijado cómo nos aburre una tienda que nunca
cambia los muestrarios de sus escaparates? Igual nos pasa con los
seres humanos.
3.
Las salidas o escapadas solos. Si es posible pasar alguna noche fuera,
en un lugar donde se pueda, inclusive cambiar el hábito de hacer el
amor. Este recuerdo servirá como estímulo para ocasiones sucesivas.
4.
Arreglos o cambios en la casa. Tanto en el tiempo en que esto se hace
como lo agradable de algo nuevo hecho, trae un aire fresco y acogedor.
5.
Tener una visita por un par de días. Especialmente entre cristianos,
estos intercambios son muy beneficiosos. Inconscientemente la pareja
más amena, más activa y quizás más espiritual, ejerce influencia sobre
la que está peor. Necesitamos ser medidos por las vivencias de otros.
A veces el ser confrontados con ejemplos de parejas que se quieren y
disfrutan de su matrimonio, lo tomamos como un desafío y Dios nos
bendice con tiempos de refrigerio.
6.
Orar juntos por situaciones específicas. Al unir los corazones delante
de Dios con un propósito definido, la oración suele traer sobre el que
ora un espíritu de unidad, compañerismo y amor. Es casi imposible que
dos que oran juntos y de todo corazón, caigan en la rutina o la
indiferencia. La oración desarrolla un poder creador y restaurador en
todo lo que toca, y sí cuando oramos hay algo que no es la voluntad de
Dios, El nos lleva la Palabra y nos saca de la monotonía; nos llena de
su Espíritu y nos emborracha de gozo. (De más está decir que muchas
parejas no cristianas, al caer en la rutina y la indiferencia, se
entregan al alcohol y llegan al desastre total).
7.
Si hay niños (siempre ellos nos hacen la vida más amena, aunque a
veces más difícil), es muy bueno llevarles al zoológico, al parque de
atracciones, al circo, o a cualquier tipo de diversión infantil, lo
cual nos hace muy bien a los mayores. Reír y sonreír, viendo a los
niños felices, es una gran medicina para el tedio. Los niños harán y
dirán cosas que luego servirán para que la pareja tenga mucho que
comentar. Además de esto, la satisfacción de haber hecho felices a
otros, y si esos otros son nuestros hijos, mejor todavía. Ya un
escritor de los mejores cuentos franceses decía: "El egoísta termina
su vida muy aburrido, porque no ha dado un poco de felicidad a nadie".
8.
Sorprender con algún pequeño regalo personal o para la casa. Creo que
se hace una amplia mención de esto en "el olvido de los detalles".
Somos como niños. Cualquier cosita nos alegra, como a un chiquillo un
juguete. Me gusta este verso anónimo de un esposo a una esposa, parece
que ambos son mayores:
¿Qué es una simple
flor?
Es un regalo
que Dios ha hecho
poniendo en ella
un universo.
A ti la doy
tú la mereces,
tú eres la dádiva
más perfecta,
mi flor de invierno.
9.
Una caricia inesperada. Recuerdo que estuve tratando por algún tiempo
a una pareja de mediana edad que se querían, pero que habían caído en
la rutina de la indiferencia. Digo que se querían, porque escondido
debajo de una gruesa lámina de apatía y aburrimiento, pude descubrir
que había amor. Todo comenzó con un abandono de los dos. Ningún
estímulo, ninguna iniciativa para emprender algo juntos. Hasta
llegaron a creer que estaban deprimidos y que por lo tanto estaban
enfermos, y que así tenían que vivir.
Comencé,
como es de suponer, orando con ellos y por ellos. Pero el segundo paso
fue recomendarles alguna caricia no acostumbrada. La indiferencia era
tal, sobre todo por parte de él, que se echó a reír y me dijo: "¡Qué
vergüenza!, yo no valgo para eso, no soy romántico". Yo le insistí:
"Inténtalo y vuelve para hablar otra vez". No quiero contar lo que él
hizo, porque puede parecer ridículo para algunos, pero el caso es que
funcionó. Luego les di un libro para leer juntos y les involucré en un
viaje, ya que hacía años que no salían. Huelga decir que todo ha
cambiado para ellos.
10.
Traer a casa una revista o un libro que hable bien del matrimonio. Hay
revistas como el Reader's Digest, y otras que suelen traer artículos
escritos por expertos en el tema de la pareja y son muy positivos.
Igualmente en las librerías cristianas se pueden encontrar hoy una
veintena de títulos dedicados al matrimonio y la familia. Algunos de
estos libros animan a la comunicación por medio de un diálogo abierto
y sincero que hace mucho bien. Si se pueden leer el uno al otro en voz
alta, sería mucho mejor.
En
ocasiones la lectura, por ejemplo del periódico, favorece la
indiferencia. Casi siempre es el hombre quien pone esa cortina de
papel delante de sus ojos, y a la hora de hacer comentarios o
contestar preguntas, responde con monosílabos sin levantar la vista.
Por otro lado, el apego de las mujeres a novelas en la televisión que
casi nunca interesan a los hombres, hace enfriar las relaciones
personales, y se puede dar el caso que los cónyuges están viviendo en
mundos diferentes: uno en el periódico y el otro en el serial
televisivo.
Pero qué
bueno es traer al hogar cosas que leer que se puedan compartir. Y esto
sin que se tenga que desechar el periódico (yo lo leo casi a diario) o
viendo algún serial si a ella le apetece. Hay una recomendación de
Jesús y otra de Pablo, que haríamos bien en no olvidar: "Escudriñad
las Escrituras, porque a vosotros os parece que en ella tenéis la vida
eterna y ellos son los que dan testimonio de mí. Pero persiste tú en
lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quien has
aprendido, ya que desde la niñez has sabido las
Sagradas
Escrituras, las cuales le pueden hacer sabio para la salvación por la
fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y
útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en
justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, preparado para
toda buena obra".
William
Lyon Phelps, (fue un profesor muy querido de la universidad de Yale y
presidente de la misma), dijo: "Creo firmemente en la necesidad de la
educación universitaria, tanto para hombres como para mujeres, pero
pienso que el estudio de la Biblia, sin estudio universitario, tiene
más valor que los estudios universitarios, sin la Biblia".
11.
Tomar especial interés por la preocupación del otro. Siempre hay áreas
en la vida de uno u otro ser humano que hay cosillas que preocupan en
particular, y que quizás para los demás no tienen importancia.
Pues bien,
media hora de atención a la persona. preocupada trae un espíritu de
identidad y solidaridad que puede acabar por romper la monotonía o la
indiferencia. Hay muchas maneras de mostrar el amor en una pareja, y
ésa es una. Escuchar es un don muy apreciado en nuestros días. Hoy
nadie tiene tiempo para nadie. Se acabaron las tertulias. Los millones
de seres humanos en las grandes ciudades van apiñados en los
transportes públicos y ascensores, pero como islas en silencio.
Es
increíble lo que se puede aprender de la persona con la cual
convivimos. En un diálogo de una obra de teatro, ella le dice a él:
"¿Cómo quieres conocerme mejor, si no me dejas hablar?"
Repito la
importancia de conocer las Escrituras, porque en ellas uno encuentra
palabra inspirada para ministrar a los cristianos en las
preocupaciones o temores. Un ejemplo es: 1 Pedro 5:7.
Una sola
palabra de ánimo o de consuelo dicha a tiempo y con amor de la persona
que tenemos más cerca, equivale a una resurrección o restauración.
12.
Jugar juntos. Hay infinidad de juegos que se pueden practicar en el
propio hogar o en el patio de la casa, si lo hay, y también en lugares
públicos, como son las boleras, el mini-golf, la petanca, etc. Esto,
además de curar el aburrimiento, distrae la mente de las grandes
cargas que pesan sobre los padres de familia. Se produce una
distensión nerviosa y se descansa mejor y hay más buen ánimo para
compartir otras cosas.
Pero no
olvidemos: El amor es tú y yo y lo mío, andar unidos ante todo y para
todo, procurando agradarnos y darnos el uno al otro HASTA QUE LA
MUERTE NOS SEPARE.
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