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Para madres
que crían hijos.
Creciendo
y cultivando la personalidad
Cuando
somos madres, parece que nuestros sueños quedan en el olvido, pero
necesitamos hallar sentido en lo que hacemos, saber que la tarea de educar
hijos es importante. Por Morgan y Kuykendall.
Sara
cerró la puerta de la habitación del bebé y caminó sigilosamente hacia
la cocina. Sentía tensos los músculos de la espalda. Levantó la mano
paramasajearse mientras consideraba qué opciones tenía.
Le quedaba una
hora, quizás hora y media. A la pequeña Amanda la habían invitado a
casa de una amiguita. Seguramente, después de una mañana muy activa,
Pepito dormirá por un rato. Tienes una sola hora, de modo que úsala.
Lo que en
realidad deseaba hacer era tocar el piano.
Había una
pila de ropa para lavar antes que regresara Amanda. Y debía empezar a
preparar la cena, ya que el proceso era mucho más simple cuando no estaba
cerca el bebé. Después... bueno, olvídalo.
Sin embargo,
cuando pasó junto al piano, Mozart la animó a sentarse. Solo por unos
minutos, razonó, como justificándose. Mientras se acomodaba en el
taburete, acarició las teclas de marfil, levantó las manos y empezó a
tocar, sumergiéndose de inmediato en la música. ¡Debiera estar
haciéndolo todos los días!, de lo contrario perdería el tacto.
¡Cuánto añoraba la libertad que había tenido antes para tocar y tocar!
Había soñado con ser profesora universitaria...
Se detuvo,
reflexiva, y luego escuchó que Pepito lloraba. En realidad, daba
alaridos. Lo había despertado el piano.
Ser madre
significa invertir más en la vida de otras personas que en nuestra propia
vida. Pero ser una buena madre no implica que debamos poner para siempre
en el estante nuestras necesidades personales. Las madres también tienen
una necesidad legítima de crecer como individuos, desarrollar sus
talentos y capacidades a la vez que fortalecer su carácter.
Aquí
mencionamos unas razones por las cuales usted no puede dejar su propio
desarrollo para más adelante.
Usted necesita
desarrollarse. Todos los miembros de la familia van a beneficiarse de la
persona que se va cultivando en usted.
Su familia
también se verá favorecida por la armonía de su ejemplo. Necesitan el
desafío y la inspiración de su crecimiento para poder crecer ellos
mismos.
El mundo al
que pertenece necesita que usted crezca. A su alrededor hay personas que
necesitan lo que usted tiene para ofrecerles. Sea por algo que usted hace
o de la simple manifestación de la persona que hay en usted, su
contribución a la vida de otros se incrementa cuando se desarrolla.
Cuando la ven desenvolverse con confianza, que usa los dones innatos o las
destrezas aprendidas, otros se sentirán estimulados a descubrir en qué
forma ellos pueden perfeccionar su vida y sus relaciones.
Dios desea que
crezcamos. Por sobre todas las cosas, el plan que Dios tiene para nosotras
es que crezcamos. La Biblia nos guía a crecer en gracia y en conocimiento
(2 Pedro 3:18). En realidad, la meta de la vida cristiana es desarrollar
en nuestra persona cualidades propias de Cristo, tales como amor, gozo,
paz, paciencia, benignidad y bondad; la etapa en que estamos criando a
nuestros hijos ofrece un fértil suelo para todas esas semillas.
Crecer duele.
Nos exige extendernos en nuevas direcciones. Usar músculos, tanto
mentales como emocionales, que pudieron haber estado atrofiados por falta
de uso. Requiere que corramos riesgos que nos hagan sentir débiles y
vulnerables.
El cambio es a
menudo inoportuno e incómodo. Al aceptar un cargo en el liderazgo de su
iglesia o en el centro vecinal, debe estar dispuesta a mantener el
compromiso que tomó. Tendrá que hacer ciertos ajustes difíciles.
Tendrá que aprender a apoyarse en sus lados fuertes y a delegar a otros
los aspectos en los que se siente menos capaz.
El crecimiento
es lento. Crecer lleva tiempo. Como en el replay de una jugada deportiva
proyectada por las cámaras, cada suceso de su vida parece retroceder y
desenrollarse con una tortuosa monotonía, y se repite una y otra vez a lo
largo de cada día.
El crecimiento
tiene un precio. Sea que procuremos el desarrollo de nuestros sueños o de
nuestro carácter, el crecimiento tiene un precio.
Tener sueños
es lo que hace la diferencia entre transitar por la vida y realmente
vivir. Algunas mujeres, atrapadas en la tarea de criar hijos, nos
olvidamos de seguir soñando. Aquí hay algunas sugerencias al respecto:
Atrévase a soñar. Identifique los aspectos en los que desearía crecer y
luego empiece a soñar sobre las posibilidades de lograr sus deseos.
Busque un
lugar tranquilo. Siéntese cómodamente y dé rienda suelta a sus
pensamientos. Los sueños comienzan con preguntas tales como: "Si
tuvieras una hora extra hoy para hacer cualquier cosa que quisieras,
¿qué harías?" Los sueños también aparecen en los recodos de la
vida y en el sitio mismo en el que vivimos, nos da claves acerca de cómo
podemos crecer.
Establezca una
secuencia para sus sueños. Una vez que se haya decidido respecto a un
aspecto de posible crecimiento, organícelo en pequeñas secciones. La
idea de bosquejar la vida en forma de capítulos, separándola en
secciones, a veces se describe como "secuencia". Eso significa
dar prioridad a los hijos cuando son pequeños. Luego, a medida que
crecen, contamos con más tiempo para perseguir nuestras propias metas,
que incluyen la posibilidad de desarrollar nuestros sueños.
Cuéntele a
alguien más acerca de sus anhelos.Toda persona necesita que alguien la
aliente con respecto a sus sueños, que la estimule a seguir adelante
cuando no está segura de que podrá lograrlo. Tal vez usted tenga una
buena amiga capaz de seguir soñando mientras transcurre la etapa de
crianza de los niños. Quizá su esposo conoce los talentos que hay en
usted y desea que los desarrolle. Busque una persona que la estimule y
pueda ayudarla a mantener vivos sus sueños.
Fuimos creadas
por Dios para crecer, cambiar y desarrollar en la vida. Como señaló
William Jaines en una ocasión: "Comparados con lo que debiéramos
ser, estamos apenas empezando a despertar. Solo usamos una parte
pequeñísima de nuestros recursos mentales y físicos". Así que,
¡adelante!
Extraído
de "Lo que toda madre necesita", por Elisa Morgan y Carol
Kuykendall
Enviado por E-mail por Karla Droe, de Grupos El Reino de Dios
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