Los ácidos grasos trans o, simplemente, grasas trans se forman cuando los
fabricantes convierten los aceites líquidos en grasas sólidas. Piensa en la
manteca vegetal y en la margarina sólida. Los desarrolladores crean grasas
trans a través de un proceso llamado hidrogenación. En pocas palabras, la
hidrogenación es un proceso por el cual los aceites vegetales son convertidos
en grasas sólidas mediante la incorporación de ácidos de hidrógeno.
¿Por qué hidrogenar? Porque este proceso incrementa la vida útil y la
estabilidad de los sabores en los alimentos. De hecho, los ácidos grasos trans
pueden encontrarse en una larga lista de alimentos, desde Manteca Vegetal
(shortening vegetal), algunas margarinas, tostadas, galletas, tentempiés,
cereales, caramelos, productos de repostería, barras de cereales, comidas tipo
snacks, condimentos para ensaladas, grasas, comidas fritas, y muchos otros
alimentos procesados.
Las grasas trans se encuentran naturalmente en pequeñas cantidades en algunos
alimentos, incluyendo la carne de vaca, de cerdo, cordero, manteca, y leche,
pero la mayoría de las grasas trans en nuestra dieta provienen de los alimentos
hidrogenados.
¿De dónde provienen las grasas trans?
Las grasas trans fueron desarrolladas durante la arremetida contra las grasas
saturadas —las grasas de origen animal "taponadoras" de arterias que pueden
encontrarse en manteca, crema, y carnes—. Luego la industria se dio cuenta de
que las grasas trans duraban más que la manteca sin ponerse rancios. El
resultado: en la actualidad, las grasas trans se encuentran en el 40% de los
productos que ocupan las góndolas de los supermercados.
¿Qué hacen las grasas trans en nuestro organismo?
Al igual que las grasas saturadas o las grasas animales, los ácidos grasos
trans contribuyen a la obstrucción de las arterias. Las arterias obstruidas son
un síntoma de la enfermedad coronaria, e intensifican sensiblemente el riesgo
de un ataque cardíaco. Ésta es la forma en que funciona el proceso: las grasas
trans suben los niveles de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) o del
colesterol "malo". Esto contribuye a la construcción de la placa grasa en las
arterias.
La evidencia que señala que las grasas trans incrementan los niveles de
colesterol LDL es contundente y muy sólida. Y todos los estudios actuales
apuntan en la misma dirección.
En el estudio Nurse’s Health, las mujeres que consumieron las mayores
cantidades de grasas trans en sus dietas evidenciaron un riesgo de ataque
cardíaco un 50% mayor al de aquellas mujeres que consumieron las menores
cantidades. Asimismo, algunos investigadores sospechan que las grasas trans
incrementan los niveles sanguíneos de otros dos obstructores de arterias: una
partícula proteica grasa conocida como lipoproteína (a) y las grasas
sanguíneas, más conocidas como triglicéridos.
Igualmente preocupantes, los estudios sobre la población indican que las grasas
trans pueden incrementar los riesgos de diabetes. Investigadores de la Escuela
de Salud Pública de la Universidad de Harvard, sugieren reemplazar grasas trans
en la dieta con grasas poliinsaturadas. Éstas son normalmente líquidas a
temperatura ambiente y pueden encontrarse en aceites vegetales. Los aceites de
cártamo, girasol, maíz y soja contienen el nivel más alto de grasas
poliinsaturadas. Las grasas poliinsaturadas, como el aceite de maíz, pueden
ayudar a disminuir un nivel alto de colesterol siempre que formen parte de una
dieta saludable. Así, también pueden reducir los riesgos de diabetes en un 40%.
La pregunta que surge ahora es:
¿Qué cantidad de grasas trans es saludable?
Nadie lo sabe a ciencia cierta. Los especialistas coinciden en que no existe
aún demasiada investigación para recomendar una cantidad segura de grasas
trans. A decir verdad, se sabe que, como las grasas saturadas, los ácidos
grasos trans pueden elevar el colesterol malo, pero existen datos poco claros
en cuanto a lo que ocurre con el colesterol bueno.
La FDA (Food and Drug Administration de los Estados Unidos), si bien obliga a
los fabricantes a especificar la cantidad de grasas trans en las etiquetas
nutricionales, no obliga a explicitar un valor porcentual diario para las
grasas trans, ya que no existe demasiada información de momento para establecer
este valor.
La Organización Mundial de la Salud acaba de lanzar una recomendación a los
gobiernos de todo el mundo para que eliminen o reduzcan la cantidad de grasas
trans en los alimentos. La recomendación, que forma parte de una acción para
las normas alimentarias del Codex Alimentarius, se pone al lado de las
evidencias que en los últimos años relacionan este tipo de grasas con efectos
nocivos sobre la salud. Ahora, los gobiernos y, sobre todo, la industria
alimentaria, en concreto la estadounidense, han empezado a tomar medidas para
erradicar este compuesto de productos como margarinas. La propuesta
internacional insta además a añadir en todas las etiquetas de productos
alimentarios información sobre la cantidad de grasas trans contenidas en los
productos. De esta manera, se informa al consumidor de la cantidad de grasas
trans que contiene el alimento.
Grasas trans vs Grasas saturadas
Las grasas trans elevan los niveles de colesterol LDL, o colesterol malo, en
forma ligeramente inferior a las grasas saturadas. Sin embargo, las grasas
saturadas también elevan los niveles de la lipoproteína de alta densidad (HDL)
o colesterol "bueno", y los ácidos grasos trans no. En cualquier caso, es
posible que las dos grasas ocasionen el mismo daño en nuestras dietas, ya que
consumimos muchas más grasas saturadas que ácidos grasos trans.
La FDA estima que los estadounidenses adultos consumen 5,8 gramos de grasas por
día, lo que viene a ser el 2,6% de las calorías diarias. En comparación,
comemos entre cuatro y cinco veces más grasas saturadas a diario. Cerca del 40%
de la ingesta de grasas trans vienen de tortas, galletitas, tartas, y pan,
mientras que el 17% proviene de la margarina.
¿Debemos preocuparnos por las grasas trans?
Desde ya, todos deberíamos limitar el consumo de ácidos grasos trans y grasas
saturadas. Sin embargo, los individuos con niveles elevados de LDL deberían
tener más precaución, reduciendo o eliminando la ingesta de ácidos grasos trans
y grasas saturadas.
Lo más importante es mirar siempre el número de calorías y el tamaño de la
porción. Luego revisar la cantidad de grasas saturadas y ácidos trans en las
etiquetas. Esto podría ayudar a hacer compras más saludables.
¿Todas las grasas son malas?
No todas; las grasas poliinsaturadas y las monoinsaturadas no. Las grasas
poliinsaturadas se encuentran en los aceites de cártamo, girasol, maíz y soja.
Por su parte, las grasas monoinsaturadas —que también son líquidas a
temperatura ambiente— pueden encontrarse en aceites vegetales, tales como los
aceites de canola y oliva. Las grasas monoinsaturadas pueden ayudar a disminuir
niveles altos de colesterol en la sangre siempre que formen parte de una dieta
en donde se haya reducido la grasa.
Esto es algo importante. Todos deberíamos limitar nuestro consumo de grasas al
30% o menos de las calorías diarias. ¿Cómo hacerlo? Eligiendo grasas saludables
desde el punto de vista cardíaco, como avellanas, aguacates, mantequilla de
maní, o margarinas libres de grasas trans.
Los Top de las grasas trans
Las grasas trans se encuentran principalmente en los alimentos elaborados
industrialmente con aceites vegetales, y una dosis diaria de 5 gramos se
considera ya peligrosa. He aquí una lista de alimentos con alto contenido de
este tipo de grasa:
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Papa fritas (150 g) |
7 gr. de grasas trans |
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Pastel de manzana industrial (1 unidad) |
6 gr. de grasas trans |
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Hamburguesa (200 gr.) |
3 gr. de grasas trans |
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Quesito (1 unidad) |
2,2-5,2 gr. de grasas trans |
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Galletas (2 unidades) |
1,3 gr. de grasas trans |
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Margarina (1 cucharada) |
0,9 gr. de grasas trans |
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Panecillo comercial (1 unidad) |
0,85 gr. de grasas trans |
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