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Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
 Venid ante su presencia con regocijo.
Salmos 100:1-2



 La lámpara y la vela.

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Expectáculo
Maravilloso

(Julio 20, 2008)

 

 

Diciembre 15, 2004

Las lámparas y la vela.

Había una vez una lámpara líder que organizó una fiesta para todas las lámparas de la región. Fueron todas vestidas con sus respectivas pantallas retocadas y adornadas como todas las lámparas.

 En un momento determinado una pobre vela entró tímidamente en la sala y hubo una súbita amenaza de cortocircuito que afectó a algunas lámparas que empezaron a brillar un poco menos. Poco a poco la lámpara líder fue aceptando la presencia de la velita en el inmenso salón de fiestas. Resolvió hacer poco caso de ella y llamó a sus compañeras para que se acercaran a fin de que pudieran oír lo que la velita, sin pantalla, sebácea, tenía que decir.

--¿Quién es usted? -- preguntó la lámpara líder.

-- Una vela, como usted ve... Respondió la pobre velita.

-- Eso lo sabemos. Pero, ¿qué hace usted?

--Yo tengo luz independiente, que sin embargo también la recibo de otra fuente. Soy símbolo de fe; a pesar de que ustedes son más fuertes que yo, no llevo pantalla, porque sé que mi vida es efímera,  mi luz nace de dentro de mí, oscila y mi patrón vuelve a encenderme sin necesitar mucha ayuda, soy tan peligrosa como usted, pero no origino tantas catástrofes; una criatura puede usarme pero me respeta más que a usted, voy disminuyendo mientras ilumino. Valgo mucho a los ojos de los hombres que, cuando no consiguen encender a ustedes, recurren a mí.

Las lámparas no lograban contener la risa histérica frente a aquel espectáculo de inferioridad. Súbitamente hubo un malestar general en todas y se fueron apagando, gritando en demanda de socorro, hasta que la sala quedó a oscuras. Sólo quedó la velita que acompañó al electricista para el trabajo de reparación.

Cuando las lámparas volvieron en sí y se reunieron para pedir disculpas a la velita, ésta ya era un puñadito de cera dando el último suspiro. Había dado la vida para que sus amigas más fuertes pudieran continuar la fiesta.


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