Hubo una vez dos erizos de mar que
tenían mucho frío y se querían acercar para calentarse el uno al otro,
pero cada vez que lo intentaban se alejaban violentamente, porque se
hacían daño con sus afiladas púas. Así lo intentaron durante varios días,
pero todo fue en vano.
Sus púas les causaban daño mutuo, cada día se
ponían más afiladas. Los pobres erizos, se morían de frío.
Pero un día un cangrejo, viendo la situación,
se les acercó y les dijo:
"¿Por qué no se cortan las púas? "
A ellos les pareció una buena idea y aceptaron.
El cangrejo, entonces, con sus tenazas les cortó las púas una a una.
Desde ese momento los erizos pudieron juntar
sus cuerpos y calentarse.
Así somos los seres humanos, queremos amarnos y
no podemos porque no nos cortamos las púas que nos alejan del otro.