Un hombre cargaba con una cruz y caminaba en silencio por una senda llena
de piedras, que hacían su andar lento y pesado; detrás de él caminaba otro
hombre con una cruz igual o menor que la que el primero cargaba, pero éste
se quejaba y reclamaba por su cruz.
En un momento del camino el primer hombre se detiene y escucha al segundo
sus reclamos y espera a que éste llegue hasta su encuentro. En ese momento
le dice el hombre: ¿por qué te quejas tanto?, responde el otro hombre:
tengo una cruz que no merezco y me pesa tanto que lacera mi espalda...
Mientras responde, el hombre levanta la mirada y ve a su prójimo y
exclama: ¡tu espalda está bastante lastimada como si hubieses cargado otra
cruz!
El hombre, sereno, responde: cuando cargo otra cruz, ésta que llevo
disminuye su peso y las marcas que deja no duelen, reconfortan y me dan
fuerza. El hombre continúa: piensa y revisa tu cruz, pues hay una
aritmética que difiere de los cálculos de los hombres, esa que dice:
cuando a tu cruz le sumas otra cruz no tienes dos cruces, sino media cruz.
Increpa el otro hombre: ¿media cruz? Si, le contesta, un misterio de fe y
vida, que cuando compartes con tu prójimo su propia limitación o crisis,
se alivia el peso de la tuya".