Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.
Servid a Jehová con alegría;
 Venid ante su presencia con regocijo.
Salmos 100:1-2

 


Fábula de la lechuza y la codorniz

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 Y06Art0315

 Reflexiones.

 

 

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Fábula de la lechuza y la codorniz

Autor: Reynaldo Vázquez

Muchas actitudes humanas que engendran conflictos e insatisfacciones, se pueden explicar con la ayuda de una fábula que se atribuye a un pensador Chino. Partimos de un diálogo entre animalitos:

-¿Adónde pretendes volar?, le preguntó una codorniz a una lechuza que apareció por allí, fuera de horario, con el proyecto de un viaje lejano en mente, disconforme por la situación que le rodeaba.

-Me voy hacia el sur; ya lo tengo decidido, fue la respuesta amarga de la lechuza.

--¿Y por qué te vas?

--Desaparezco de aquí porque los vecinos de la aldea ya no soportan mis chillidos y gritos estridentes. Estoy cansada de amenazas.

La codorniz, perpleja, tratando de no perder la calma, hizo una mueca intentando una sonrisa, y le aconsejó:
--"No te apresures... piensa bien lo que vas a hacer. Con salir de aquí no se soluciona mucho el problema. Lo que tienes que hacer es cambiar ese grito estridente y molesto por otro más suave, cadencioso y en unas horas verás cómo la gente te va a apreciar y más de uno te admirará.
Si no te animas a cambiar tu ruidoso comportamiento, acuérdate de que en ningún lugar de la tierra encontrarás paz... a lo sumo que quieras habitar en un solitario desierto".
La solución no está en huir de las dificultades, sino en reubicarnos en la comunidad, respetando para que nos respeten".

Esta fábula se hace realidad en la vida de muchos de los humanos.

Hay personas que son un problema continuado, para sí mismos y también para los que están cerca.

Los defectos personales no se solucionan sólo con cambiar de aire o de geografía. El cambio de posturas o conductas irritantes e hirientes por otras más humanas, hacen más fácil la convivencia.

El dominio de sí mismo y la superación de defectos ayuda a crecer y da personalidad. Por eso antes de huir de las realidades es preferible cambiar nuestra manera de pensar, de actuar, de hablar, de vivir.

Francisco de Sales nos dejó este pensamiento:"Obrar el bien, si además se hace con alegría, es un doble bien".

Comportándonos correctamente, sin mentirnos a nosotros mismos ni al prójimo, viviendo nuestra realidad y dejando vivir en paz a los demás, encontraremos el camino del equilibrio que lleva a la felicidad.

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